Pavel Giroud tiene la edad del éxito

 
Joel del Río • La Jiribilla
   
 

En los últimos meses se acumulan las noticias del éxito, o los premios conquistados por La edad de la peseta, el primer largometraje dirigido por Pavel Giroud, que también fue estrenado recientemente en salas capitalinas. Con guión de Arturo Infante, edición de Lester Hamlet y fotografía de Luis Najmías, el filme se considera un triunfo de los jóvenes cubanos que hacen cine, y ha sido aclamado internacionalmente con una frecuencia que prácticamente no le da un respiro a la prensa nacional para darle cobertura a tanto reporte de palmas. 

La banda sonora del filme, convertida en disco, ha sido nominada al premio Cubadisco 2007 en el apartado de mejor banda sonora para cine. Con producción y dirección musical de Ulises Hernández, la mucha música que se escucha en el filme logra trasmitir la atmósfera intimista a través del piano, y por otro lado consigue una suerte de antología de los ritmos y sonidos predominantes en Cuba a finales de los años cincuenta.

Más o menos por los mismos días en que se dio a conocer la nominación al Cubadisco supimos que el filme había sido premiado en la edición número cincuenta del Festival Internacional de Cine de San Francisco con el Premio Chris Holter a la Mejor película de humor. Tal galardón fue entregado en esta edición por primera vez, y se concedió por veredicto del público al filme que reflejara la condición humana de una manera conmovedora, simpática y optimista.

El Festival de San Francisco, el más antiguo de los Estados Unidos, le concedió además el Premio Sky al filme El violín, del novel cineasta mexicano Francisco Vargas Quevedo. La edad de la peseta suma este galardón a otros importantes lauros recibidos, como el Premio a la Mejor Película en el 47 Festival Internacional de Cine de Cartagena y los Corales de Fotografía y Dirección de Arte en el 28 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. La premier mundial del largometraje cubano ocurrió en la noche del 13 de septiembre, en la edición número 31 del Festival Internacional de Cine de Toronto, que tuvo lugar en esa ciudad canadiense del 7 al 16 de ese mes. Fue programado en la sección del Festival denominada Descubrimiento (Discovery), consagrada a los “Filmes provocadores de directores nuevos y emergentes”.

Y a propósito de directores jóvenes y emergentes, hace alrededor de un mes salió a la venta el número 78 de la revista mexicana Gatopardo, con distribución latinoamericana. En ese número se dio a conocer una selección antológica de los cineastas jóvenes latinoamericanos que están llamados a continuar el camino de éxitos que emprendió el cine de esta región desde mediados de los años 90.

En la selección, aparece el cubano Pavel Giroud, junto a los argentinos Rodrigo Moreno (El custodio), Ariel Rotter (El otro) y Pablo Trapero (Mundo grúa, El bonaerense), el chileno José Luis Torres (El oído, la tierra y la lluvia), los mexicanos Rubén Imaz (Familia tortuga), Israel Cárdenas (Cachochi) y Fernando Eimbcke (Temporada de patos), los uruguayos Manolo Nieto (La perrera) e Israel Adrián Caetano (Un oso rojo), el boliviano Rodrigo Bellot (Dependencia sexual), el brasileño Claudio Assís (Amarillo mango) y el colombiano Felipe Aljure (La gente de la Universal). También fueron seleccionadas algunas directoras como la paraguaya Paz Encina y la dominicana Laura Amelia Guzmán. 

En un artículo firmado por Chiara Arroyo en la revista mencionada, se asegura que se trata de jóvenes determinados y talentosos, entre los 25 y 35 años, quienes integran la nueva hornada de cineastas de directores latinoamericanos, bocanada de aire fresco para el cine de los países donde nacieron: “No forman parte de un movimiento, ni trabajan bajo el mismo dogma. Sin embargo, todos luchan por hacerse un espacio en un mundo cada vez más comercial y menos cinematográfico. Quieren desmentir ese prejuicio que muchos tienen acerca del cine de autor: quieren probar que sí se puede comer palomitas y ver películas independientes.”

Más adelante, asegura la periodista que a pesar de vivir en países distintos, comparten casi las mismas referencias cinematográficas, el mismo ímpetu por llevar sus obras adelante a pesar de los limitados presupuestos que tienen. Es una generación que, en la época de la globalización, apuesta por historias pequeñas, cercanas y cotidianas, aquéllas donde cabe lo particular y que la gran pantalla convierte en universal.

Según ha relatado Pavel en numerosas entrevistas La edad de la peseta“comenzó como un encargo, por llamarlo de algún modo. Había un guión seductor dando vueltas y tanto el autor como el productor veían bien que yo me incorporara a él como director. Para nadie es secreto que yo andaba loco por rodar mi primer largo; pero esa locura no era tanta como para impedirme ser cauteloso a la hora de escoger un proyecto ajeno. En una primera lectura no me veía mucho dirigiendo esta película; aún cuando me sentía muy atraído por la atmósfera que envolvía la historia y los pasajes en que se veía insertado su protagonista, otra carnada, que además de atrayente, provocaba en mí el peor de los temores, pues era un niño de diez años. ¿Seré capaz de dirigir a un niño en mi primer lance dentro del largometraje? Al comienzo fue un encargo y ha terminado por ser el amor de mi vida como creador”. Los criterios de la prensa y del público, dentro y fuera de Cuba, supongo hayan aplacado las dudas de Pavel Giroud.

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