TRABAJANDO CON LOS CARPINTEROS

Cuando tomé por primera vez una cámara en mis manos, lo hice junto a varios artistas plásticos aglutinados en un proyecto de la Fundación Ludwig de Cuba, que pretendía acercar a varios de nosotros, por mediación de videoartistas Canadienses, nuevas herramientas técnicas. No era como ahora, que un gran por ciento de los plásticos usan el video como medio. Hablar de video creación entonces era sumergirse en aguas desconocidas. Raúl Cordero, René Peña, los Ordo Amoris y otros, fueron parte de ese clan. Fue en el año 97. Muchos de aquellos siguieron utilizando el video como complemento de su obra artística, mientras yo me desvié al cine. De modo que cuando hace unos meses, Los Carpinteros, me lanzaron la propuesta de colaborar con ellos en una serie de ideas que tenían para desarrollar en video, fue como emprender un viaje a la semilla. La diferencia está marcada por los años. Yo he ganado alguna experiencia en mi trabajo diario con los medios. Ellos, a juicio de muchos, son la cabeza mas visible del Arte Cubano Contemporánea en el panorama internacional de primer nivel.

La propuesta inicial que vino de ellos fue que documentara un performance que tendría lugar durante la 11 Bienal de La Habana. -“Queremos hacer una conga pa´tras”,  con esta parca frase me capturaron . Todavía no estaba claro que su título sería “Conga Irreversible”, que los bailarines y músicos invadirían el paseo del prado en una gigante comparsa en retroceso, ni como se llevaría a cabo el proceso. Era un concepto muy potente que bastó para que comenzara nuestra colaboración. La pretendida documentación terminó siendo una pieza de video en sí misma.

Luego vendría uno de los proyectos que mas me ha exigido en mi carrera, aún más que los largometrajes. Nunca antes estuve tan tenso y temeroso como cuando me enfrenté a “Pellejo”, una pieza de apenas 10 minutos.

En “Pellejo”, vemos envejecer a una pareja mientras tiene sexo. Sexo Explícito. Entiéndase lo complicado que resulta hacer un casting con los siguientes requerimientos: Actores que guarden un parecido físico que haga creíble un envejecimiento rápido ante la cámara. Actores que estén dispuestos a tener sexo real como cualquier actor porno, pero con el convencimiento de que lo que está haciendo es puro arte. Actores que logren explayar verdad en un acto, que aún siendo explícito, es fingido.

Lo más usual en el mundo de las artes plásticas es que los propios artistas asuman por si solos su creación en video. Esto de unirse a un director fílmico y entre ambas partes, respetando los respectivos espacios de creación de cada cual, desarrollar una obra, no es algo que se vea mucho. El feliz destino se debe en gran parte a la experiencia del trabajo en colaboración que viene de ambas partes. El cine, se sabe ya, es un arte colectivo. La obra de ellos depende de la integración de otros a su poética.

Ambas obras están pendiente aún de exhibición. “Conga Irreversible” formará parte de un show de Los Carpinteros que tendrá lugar este año en la galería Sean Kelly de New York. “Pellejo” tendrá destino similar, pero en Suiza, en una exposición muy diferente. Lo curioso para mi es, que pese a ser el video algo nuevo en la obra de estos autores, se integra perfectamente a su universo creativo, de la misma manera que aún siendo parte de mi creación cotidiana, la colaboración con estos artistas ha oxigenado en grado extremo mi creatividad.

Pavel Giroud

PAVEL GIROUD RESPONDE A PAQUITO DE RIVERA

Mi muy ESTIMADO Paquito,
No hay ironía alguna cuando pongo «estimado» en mayúscula. Si me tomo
el trabajo de responder a tu carta “abierta”, es justo por la estima
que le tengo a tu música, que está en mis anaqueles junto a centenares
de discos de Jazz. Discos que he oído toda mi vida, a vivo volumen,
sin esconderme de nadie, sin temer a censores obtusos, pues si no he
reparado en ellos para crear, ni para opinar sobre mi Cuba y su
sistema, menos los tengo en cuenta a la hora de regalarme uno de mis
tantos placeres, que es tumbarme en el sofá y escuchar música. Suerte
para mis oídos tu existencia.

Sin tener que aclarar ni a ti ni a nadie, voy a aclarar. No estará
excluido el asunto político del documental. Siento no tener tu
trascendencia y que no conozcas trabajos míos, pero ya sobre Lecuona y
el origen de su partida hablé en un documental titulado Esther Borja:
Rapsodia de Cuba. Ahí también me detengo en lo absurdo de su silencio
impuesto, algo que también estará presente en este. Tú, por ejemplo,
figuras en un documental que hice dedicado al Jazz Cubano titulado
MANTECA, MONDONGO Y BACALAO CON PAN, porque no podía contar esa
historia sin ti. Tampoco sin Gonzalo, sin Arturo Sandoval y muchos
otros.

Lo que siento mucho es tu carta a las autoridades Sevillanas. Es como
la de los chivatones que tanto repeles. Los que echaban palante a sus
colegas porque iban a la iglesia o escuchaban a Los Beatles. Es una
triste carta. Más aún sin tener idea de lo que se va a hacer. ¿Acuso a
tus discos mientras los preparas o los grabas?, No. Los juzgo cuando
los escucho en casa. Entonces, espera a que esté listo el documental y
como todos, tendrás derecho de opinar sobre él y obviamente, tus
críticas serán muy apreciadas por mi.

Otra cosa, Trova Film no tiene sede en La Habana. Soy de los que está
luchando hace años porque los productores de cine podamos tener
autonomía legal para, como empresas, laborar en Cuba. Ojalá Trova Film
y hasta la mismísima Paramount, tuvieran sede en Cuba.

Te adjunto mi blog y verás como opino y como pienso.
http:// pavelgiroud.wordpress.com

Con las palabras pasa como con las notas musicales. Para que la
ejecución sea perfecta no deben haber ni más, ni menos. Aunque siempre
se agradece menos el exceso.

Con mucho respeto, te saluda,

Pavel Giroud

D’Rivera pregunta si el nuevo documental sobre Lecuona ‘ignorará el aspecto político’

El saxofonista Paquito D’Rivera ha preguntado en una carta abierta si un nuevo documental sobre Ernesto Lecuona, que se rodará en La Habana, Nueva York, Sevilla y Santa Cruz de Tenerife, «ignorará el aspecto político» en la vida del genial compositor.

«Ignorar el aspecto político en la vida del autor de Siboney, sería una burda forma de mercantilizar la figura de uno de los más destacados y declarados enemigos del comunismo en nuestra empobrecida tierra», dijo D’Rivera a Gregorio Serrano, dirigente del Ayuntamiento de Sevilla (Partido Popular) y uno de los facilitadores del rodaje en esa ciudad española.

El saxofonista afirmó que ha recibido «con una mezcla de alegría y confusión» la noticia sobre el documental.

«Antes de acometer dicha empresa eminentemente histórica, supongo estará usted bien informado sobre la dramática decisión del Maestro de exiliarse junto a miles de nuestros compatriotas en 1961, y jamás regresar a Cuba ni muerto (palabras textuales) mientras ostentara el poder la dictadura de los hermanos Castro», añadió en su misiva.

El músico recordó que, «entre tantas otras humillaciones», los Castro destituyeron a Lecuona «arbitrariamente» de su cargo como presidente de la Sociedad Nacional de Autores Musicales de Cuba, fundada muchos años antes por él y Gonzalo Roig.

«Esa es la única razón por la cual la tumba del más representativo de nuestros músicos no está en nuestro país, sino en el Heaven Cementery de Hawthorne, Nueva York», apuntó D’Rivera.

Además apuntó que «es difícil de entender» la inclusión de artistas y realizadores, cubanos y extranjeros, «conocidos por su adhesión a la larguísima dictadura que condenó a Lecuona y a tantos otros artistas cubanos al exilio, el ostracismo y la muerte».

Dice que, «para colmo», la empresa productora Trova Film tiene sedes «nada menos que en La Habana y Caracas».

«Ahora solo les faltaría abrir una oficina en Pyongyang, y para ya completar de una vez el disparate y la ofensa, debían invitar de una vez al joven dictador Kim Jong Un a cantar Para Vigo Me Voy, a dúo con Silvio Rodríguez», ironizó.

El productor ejecutivo de Trova Film, Juan Manuel Villar, y el director Pavel Giroud se encuentran ya en Sevilla para seleccionar las locaciones de la película.

Según Europa Press, el documental contará con la participación de los pianistas Michel Camilo, Chucho Valdés y Gonzalo Rubalcaba, además de los cantantes Ana Belén, Omara Portuondo y Raimundo Amador.

The Silly Age / La edad de la peseta – Variety.

The Silly Age – Review Print – Variety.

12/09/2007 06:27 AM

By DENNIS HARVEY

An accomplished feature debut for director Pavel Giroud and scenarist Arturo Infante, «The Silly Age»is a charming coming-of-ager set in 1958 Havana, just prior to La Revolucion. Pic treads familiarstorytelling terrain, but is pleasant and stylish enough to win over auds for accessible arthouse fare. Its novelty these days as a rare salable dramatic feature from Cuba (if one requiring multinational finance) should also open doors, particularly in Spanish-language markets.

Evidently having left the latest in a string of husbands, pretty, flighty but no-longer-young Alicia (SusanaTejera) lands with 10-year-old son Samuel (Ivan Carreira) on the doorstep of the mother she’s barely communicated with. Violeta (veteran Spanish star Mercedes Sampietro) is hardly ecstatic about their arrival.

She informs Samuel «I don’t like children,» and lets Alicia know in no uncertain terms that she’s been adisappointment. Nonetheless, cohabitation is sorted out in the roomy inherited manse where Violeta ekes out a living from the family’s longtime trade: As a photographer who flatteringly retouches B&W portraits with color crayon highlights. One customer is ravishing local film star Nuria (Carla Paneca), who has secret reasons for having private cheesecake photos taken of herself. Already familiar with her face from Alicia’s gossip mags, Samuel falls in deepest puppy-love once he sees the real item.

For all its fabled licentiousness, pre-Castro Havana here is also a prim place where Alicia’s job prospects are dimmed by her status as a multiple divorcee. Luckily, she meets burly, kindly Ramon (Jose Angel Egido), who offers employment at his upscale shoe store — as well as the prospect of yet another husband.

Floundering in school, Samuel finds more compelling pursuits working as Violeta’s assistant, stalkingglamorous Nuria, and getting kissing lessons from the sweet but sickly teenage daughter (Claudia Valdes) of a slum-dwelling prostitute. Only overheard radio snippets and archival docu footage (which bookend the pic) suggest the imminent upheaval of life’s rhythm in Fidel, Che and company’s march toward the capitol.

Script’s core is the predictable, gradual thaw between child protag and not-so-harsh-after-all grandma. If the final impact is less emotionally charged than intended, Giroud and Infante still deserve credit for a restraint that avoids cheap laughs or maudlin sentiment. Instead, they view flawed characters though a deadpan lens, with the odd fillip of outright absurdism.

Adult perfs are very good. Newcomer Carreira is a tad inexpressive, but the pic actually makes good comic use of that in scenes of his blank-faced longing for the unreachable Nuria.

Era is evoked in modest but effective ways, with Vivian del Valle’s sharp production design and Luis Najmias

Jr.’s lensing creating a creamy, pastel vision of the past that’s like a slightly toned-down version of «Far From Heaven’s» retro-delirious color palette. Period pop tunes add soundtrack flavor. Tech package overall is smooth.

OMERTA: «Honorable Caducidad»

Pavel Lòpez

Uno de los personajes secundarios de “Omerta”, la más reciente incursión de Pavel Giroud en el largometraje de ficción, expresa a su adversario en pleno duelo ajedrecístico, algo así como”«Para ganar la partida casi siempre es necesario sacrificar una ficha”. En esta frase parece resumirse toda la ideología de la película. El protagonista de la historia, un ex miembro de la secreta cofradía de la mafia que habitó gustosa las penumbras de la Isla durante la primera mitad del siglo XX, viene a ser como ese eslabón “perdido”, incapacitado para integrarse a una nueva sociedad, cuyo diseño lo niega por completo. La estrategia política amparada en la necesidad de cambio y ruptura con el pasado, articulada con el triunfo de la Revolución cubana, tiene en este guardaespaldas de gangster, entrado en años y de profusa barriga, su absoluta negación o, si se quiere, a su agente más pasivo. En tal sentido, dicho personaje, interpretado magistralmente por el actor Manuel Porto, establece puntos de contacto con otros imprescindibles del cine cubano, como el Sergio de “Memorias del subdesarrollo”, o el Hipólito Garrigó de “Las doce sillas”, (filme, no por gusto, citado explícitamente en “Omerta”), ambos residuos de un contexto arcaico dinamitado por el empuje de la Revolución. No obstante, a diferencia del primero, divorciado de manera frontal tanto con su ascendencia burguesa, como con las exigencias de la naciente sociedad, el personaje de Porto mantiene intacta su fidelidad a ese mundo de antaño. De Hipólito Garrigó también marca una sustancial distancia, en tanto aquel ES ridiculizado todo el tiempo por el punto de vista autoral, mientras que el protagonista de “Omerta” corre otra suerte. Pavel se las agencia para extraer de la imperfección, torpeza y evidente propensión al fracaso de su antihéroe, la humanidad que el público espera. De su ”disfuncionalidad” nace su drama, y de este último se desprende su indiscutible atractivo. Como ya es común en el cine de este joven director, “Omerta” ostenta una impecable factura. Fotografía, dirección de arte, banda sonora y demás elementos expresivos dan fe de una planificada (y no por ello menos inspirada) puesta en escena, con lo cual se distancia del grosso de la producción cinematográfica del patio, casi siempre proclive a la chapucería técnica. Algún espectador ha comentado a la salida del cine: ”Parece una película europea”. Coincidimos con el planteamiento, no solo por los aspectos antes mencionados, sino también por el tono, el ritmo del discurso, en total desencuentro con la carcajada de la comedia costumbrista tópica, que ha invadido tradicionalmente nuestras pantallas. Vistos así, tema y estrategia discursiva se vinculan para hablarnos de la legitimidad de la diferencia, o más bien su costo y su saldo. “Omerta” deviene fábula de un hombre empeñado en no traicionar sus afectos, sean de la naturaleza que sean. Al igual que aquellos poetas franceses embelesados con la parte menos “luminosa” de la existencia humana, Giroud se deleita observando, y mostrándonos después, lo singular de aquello que se descompone, lo obsoleto y añejo; en fin, la rara e insondable caducidad.

PAVEL GIROUD, cineasta Cubano, habla sin miedo desde La Habana

Por: Hélios Molina

http://www.micmag.net/es/fotocine/138-pavel-giroud-un-cineaste-cubain-parle-en-toute-liberte-

1 Pavel Ruso y Giroud Francès… Decendencia francesa ?

– Mis antepasados llegan de Haiti, huyéndole a la Revolución de Louverture; luego se asentaron en la zona oriental de Cuba, fundando cafetales y mas tarde, en la zona central, fundamentalmente en Trinidad, donde crearon fundiciones. Hacían campanas para los ingenios. La campana mas famosa de todas es la de la torre de Trinidad, sale en todas las fotos de esa Hermosa Villa y me da mucho orgullo que mi apellido esté labrado en ese bronce. Sin embargo, mi descendencia realmente notable y que solo mis allegados conocen es de los Loynaz del Castillo. Mi abuela es prima hermana de una de las mas importantes poetisas de habla Hispana, Dulce María Loynaz y sobrina de un notable general Mambí, Enrique. Hablo de esto porque mi abuela murió recientemente y vivía muy orgullosa de fu familia. Nos inculcó el orgullo a todos.

2 La critica internacional te llama «el Truffaut Cubano» te conviene esa referencia ?

– Eso fue a raíz de “La Edad de la peseta”, mi primera cinta en solitario. Supuse siempre que la asociación era por mostrarme al mundo con una película protagonizada por un niño y tener esta muchos elementos en común con “Los 400 Golpes”. Realmente debuté en el cine, con una película llamada 3 VECES 2, compuesta por tres historias de tres directores, yo era uno de ellos. Aquella vez me asociaron a Hitchcock, porque la historia guardaba alguna relación con “Vertigo” y manejaba el suspense de manera constante. Son puras etiquetas. Lo curioso es que Truffaut no fue de esos cineastas que de primera me impactaron. La primera vez que vi Los 400 golpes, siendo muy joven, me aburrí tanto que cuando a mitad de película golpean al chico me dije, “Dios, todavía faltan 399 y llevamos una hora de película”. De cualquier manera es mejor que digan el “Truffaut Cubano” que el “Ed Wood” de Cuba.

3 Cual es la producción cinematográfica cubana ? Cuantas películas se producen cada ano ? Cuantos directores se destacan ?

-Ahora mismo está en un punto indescifrable. Hay una explosión, como en todo el mundo. Los chicos con sus cámaras amateurs comienzan a mostrar cosas notables. La industria estatal amaga con dinamizar su mecánica de producción y entablar una relación artística y comercial con los autónomos, pero con tanta prudencia, que se estanca en cada paso que da. Hay un director Cubano que es sin dudas el más importante, Fernando Pérez, el resto hemos logrado destacar alguna película en determinados circuitos, pero no nos hemos establecido a su nivel como creadores. En cuanto al volumen de producción es muy impreciso, porque hay tal descontrol que este año se puede estar estrenando una película que se rodó hace tres. Cuesta cumplir los organigramas; los autónomos porque no están creadas las condiciones para una producción independiente de nivel bajo parámetros completamente legales y fluidos y a la Industria estatal porque está sujeta a preceptos establecidos por un sistema económico y laboral de marcada ineficiencia que ha reconocido hasta el propio gobierno. Hay potencial para desarrollar el cine, pero hay que dinamitar los estrechos caminos por los que se ha conducido y crear nuevas autopistas. Lo que se está haciendo es pavimentar los viejos caminos y eso, en corto plazo, traerá mas problemas que logros.

4 Cuales son los actores del mundo cinematografico con quien amarias rodar un largometraje – si pudieses escoger ?

-Si te dijera que me encantaría rodar con Bardem, un actor impactante, Sean Penn o Daniel Day Lewis, sería muy frívolo, porque quizá no son los ideales para el personaje en cuestión del film que pretendo. Quisiera tener a mi disponibilidad, siempre, al actor cuyo rostro veo cada vez que escribo una línea del guión. Me parece una estupidez estirarle los ojos a Meryl Streep para que haga de china, habiendo tantas actrices Chinas buenas y quizá hasta desconocidas. Si me dieras a escoger, me siento más cómodo con actores talentosos desconocidos que con estrellas mediáticas, aunque estas tengan calidad profesional. Cuando hice “La edad de la peseta”, los productores Españoles pretendían a otra actríz para el personaje de La abuela, tenían en la mano a una muy muy conocida, que quizá hubiera potenciado la película a nivel comercial; sin embargo, mi apuesta por Mercedes Sampietro (conocida, pero no estrella), obedeció únicamente a la idoneidad de ella como actriz para el personaje, derivada de sus potencialidades, que ya conocía. La elección del actor puede definir el destino del proyecto y yo, como muchos, he acertado y me he equivocado.

5 El cine cubano parece estar protegido de la censura politica ? Hacer cine en Cuba una voluntad politica ?

– No se si entiendo bien tu pregunta. La censura llega a todas partes. Es censura desde la que tú te auto inoculas; la que establece el poder político, el poder religioso y el poder de los productores hasta la que establece el mercado. Todo eso establece parámetros y al salirte de ellos puedes ser víctima de la censura. En Cuba, no es que el cine esté menos censurado, es que quizá los cineastas son mas atrevidos a la hora de exponer o criticar que los periodistas, por solo ponerte un ejemplo y miden menos las consecuencias.. El cine en Cuba, surge porque había, en el instante de la fundación del ICAIC, una gran explosión social, derivada de un giro político radical y en medio de todo esto un gran potencial artístico desperdigado, que hasta ese entonces estaba atado. Aunque existía cine antes del triunfo Revolucionario, no es, hasta la fundación del ICAIC, que Cuba se coloca en el mapa cinematográfico mundial. Obviamente hubo una voluntad política lógica en su génesis. Había que mostrar al mundo como era la Cuba de entonces y justo lo que ocurre ahora por parte de los que rigen, es lo contrario, pretende mostrarse al mundo una Cuba que no existe ya. Para mi, hacer cine, crear, es una necesidad fisiológica. Es muy personal. No puedo contar la historia que pretenden los que dirigen, de la misma manera que no puedo hacer la película que pide el espectador. Los creadores que ni pretenden hacer panfleto político reafirmando la grandeza del sistema; ni tienen la postura de criticarlo burdamente, sin matices, con el fin de llegar a un espectador sediento de ver en la pantalla lo que está en su cabeza y bien lejos de su voz; tienen el camino mas largo, porque responden a sus demonios personales, que no son necesariamente los de la mayoría. Cuando tu meta es complacer, ya sea a los que rigen o los que consumen, para beneficiarte, no estás muy lejano de ser una puta. Con esto no resto importancia al espectador, pues a es sin duda quien complementa una película y estas se hacen con un destino, ellos. Pero no es lo mismo darle al espectador lo que quiere ver, que acercarlo a tu universo y seducirlo

6 Haces parte de esa nueva generacion de artistas que viaja bastante pero prefiere quedarse en Cuba ?

– Siempre han existido en Cuba artistas así. Vivir en Cuba es difícil, pero mas difícil debió haber sido para Tarzán crecer en la selva criado por simios y jugando con cachorros de tigres. En la vida hay que tener sentido común. A mi me puede faltar el aceite un día que me quiera comer un huevo frito y hasta el propio huevo y no encontrarlo en ninguna tienda; puedo estarme lavando la cabeza con un shampoo que me da caspa, porque el ideal para mi cabello no aparece; me puede sorprender un apagón justo cuando pretendo escribir la escena final de mi nuevo guión y muchas otras cosas que quizá no forman parte del día a día de gente de mi condición en otros lugares. Pero si pongo en una balanza, para mi es mucho mas importante, tener mi espacio para la creación y en Cuba me lo he forjado sin necesidad de ser un cederista destacado, un militante comunista, ir a marchas combativas o ser un actor mas dentro del teatro que es hoy Cuba, donde la doble moral, es el recurso que se tiene mas a mano para subsistir y es, a la vez, lo que mas jodido nos tiene. Aquí se sabe lo que yo pienso porque lo digo siempre. No hablo bajito en mi casa, ni en clave por teléfono. Muchos colegas culpan sus frustraciones con las limitaciones del sistema y yo digo que, cuando tu ímpetu se impone, puedes adecuarte a cualquier entorno, como Tarzán. Hay quien ha escrito su mejor libro prisionero en una celda estrecha, sin siquiera ver la luz del día. Por otra parte ¿Conoces algún cineasta Cubano, con obra notable previa, que haya logrado hacer una película relevante luego de su partida? Llevo tres años tratando de levantar un proyecto independiente que ha ganado muchos premios internacionales de nivel en su fase de guión y no lo he logrado, porque el problema del cine es ese y lo voy a tener donde quiera que viva: Levantar financiamiento para hacer la película. Otra cosa, ¿No crees que si todo el inconforme con lo que ocurre en Cuba se hubiera quedado y hubiera luchado como lucharon los que están hoy dirigiendo, no hubieran logrado algo? Si te vas a enfrentar al FC Barcelona, no puedes darte el lujo de que le saquen tarjeta roja a tus jugadores, porque si te quedas con 7 en el campo, Messi te mete 12 goles. Eso ha ocurrido aquí. El terreno ha quedado libre y los rivales, no necesariamente enemigos, que quedan en el campo, tienen miedo a jugar . Quizá un día me vaya de Cuba, pero tendrá la misma trascendencia que si un Suizo se muda al Caribe buscando sol y arena.

7 En el festival de cine hay colas de gente para ver películas. Verdadera afición de un publico o forma de escaparse de una cierta realidad ?

Hace unos años era pasión absoluta, ya no. Te lo digo con objetividad. En los cines Cubanos, desde que tengo uso de razón, han convivido los cinéfilos, las parejas de enamorados, los que van a hacerse pajas, los que entran a disfrutar del aire acondicionado debido a que es muy barato y los que no tienen nada mejor que hacer. Antes, te dabas cuenta que de los últimos habían menos. Si se escuchaban comentarios (el Cubano habla en el cine) tenían, aún en su perfil mas banal, una intensa relación con la película. No olvido hace años a dos vestidos de mecánicos y las manos llenas de grasa sentados detrás de mi y un amigo pintor, Raúl Cordero. Habíamos ido a ver una película de Jarmush. Nosotros, estúpidos, comenzamos a burlarnos de esos tipos que no solo por su indumentaria, sino por su manera de hablar, eran ajenos a lo que nosotros considerábamos público apto para ese cine, convencidos de que a los 5 minutos de metraje abandonarían la sala. Sin embargo, tuvimos que enrollarnos la lengua al escucharlos disertar sobre toda la obra de Jarmush. Ese fenómeno está muy bien retratado en el cortometraje “Utopía”, de Arturo Infante. Esa pasión general por el cine que llegó hasta hace 10 años mas o menos tuvo su génesis años atrás, cuando nos quedamos sin amparo Norteamericano y nos llegaba el cine de vanguardia del mundo entero, sobre todo de Europa. En Cuba habían muchas salas de cine, hoy derruidas, desaparecidas o con programaciones para Magos y Payasos. Allí, en todas, veías a Bergman, Fellini o Goddard en tu salida de domingo. Las nuevas generaciones están criadas con las películas del sábado en la noche, que generalmente son telemovies serie c y la deficiente programación de las salas de cine que se viene haciendo desde hace mucho. Para ver a Bergman tienes que esperar un lustro a que la cinemateca lo programe en su santa sede y para colmo, en DVD. Aquello que un día vieron todos, hoy es caza de unos pocos. El cine, que mas pegada tiene en la audiencia es el mas cercano al lenguaje televisivo y es que hasta he visto programadas en algunas salas, series de TV, la mas reciente, una española llamada Los Hombres de Paco. Algunos centros de arte , como el cine, la danza, las salas de concierto se han convertido en espacios para para matar el tiempo de mucha gente insensible, que estarían en otro sitio, si existiera. Esa insensibilidad generalizada está a flor de piel, incluso, en muchos de los que manejan la cultura del país. La aberración mas cercana que tiene que ver con esto que dices fue la solución buscada para recuperar dinero por parte de los programadores de las salas. En lugar de diseñar programas o ciclos cinematográficos interesantes, en lugar de trabajar un mínimo, decidieron promover funciones de reggueton y cantantes de moda. Todo ello ha convertido a la sala oscura cubana en algo muy lejano a lo que un día fue.

8 Adonde en Europa se puede ver tu filmografia ?

-“La edad de la peseta” ha sido distribuida por Warner en dvd de renta y a la venta por Deaplaneta. También tuvo venta a muchas televisoras y está programada en varios sitios de cine por Internet. “Omerta”, justamente tuvo serios conflictos de distribución por desacuerdos entre productores y distribuidores y quedó en zona de nadie. A esa peli le ha ido mal en todos los sentidos. No me queda otra que decirte que la descargues de algún sitio pirata si quieres verla, porque ahí si está. El cine Latinoamericano, en general, tiene espacios en los festivales Europeos y muy limitadas cuotas en salas. Algunos pocos dichosos logran estar por mucho tiempo en carteleras regulares comerciales.

9 Tu proxima pelicula ?

-Por sentido lógico debe ser “El Acompañante”, un guión que como guión le ha ido muy bien. Ganó el premio SGAE Julio Alejandro a mejor guión inédito del año 2010, La beca Fund Carolina-Casa de América en Madrid y ayudas de fondos como Cinergia y el Fest de Gotemborg a desarrollo de proyectos, pero en varios intentos de tomar vuelo se ha estrellado. No ha aparecido el productor ideal para ella. Ahora estoy en una nueva fase , empezando de cero y pretendo que acabe de despegar este año. Hay otro proyecto llamado “7 Balas”, una vieja historia en mis gavetas, que está tomando mucha fuerza, por lo extremo del relato y sobre todo por su sencillez a nivel de producción. Estoy dedicado a la escritura de una manera desaforada. Mis anteriores filmes(3V2, La edad de la peseta y Omerta) salieron uno detrás del otro y me viene muy bien esta pausa, para mirar lo hecho desde lejos y dedicarme a proyectos personales. Este año he hecho mi mejor película, se llama Roman, tiene un mes de nacido y pesa casi 10 libras.

EL CÓDIGO SECRETO DE UNA CONSPIRACIÓN CINEMATOGRÁFICA

Por Maylin Machado

Enterrar plata en una botella en medio de la noche,
otro complot más en la serie de conjuras irónicas y
políticas que circulan desde siempre…

“En los primeros años de la década de los 60, La Habana vivía tiempos convulsos…” Antes miembros de una asociación paralela pero legítima, los integrantes del crimen organizado serían desterrados por el nuevo gobierno. Entre el exilio y el insilio, se convertirían en seres exóticos cuya existencia quedaría prácticamente relegada al plano de la ficción. La de la película comienza en la nostalgia. La añoranza de la acción de la que se ha visto privado su protagonista nos lo presenta como un héroe absurdo.
El absurdo depende tanto del hombre como del mundo, por eso, decía Camus, florece de una comparación, en este caso, entre esa dimensión de la imaginación que es la memoria del pasado y el presente de la historia. De ahí procede la alienación del personaje, de la constante evocación de un modo de vida que no tiene cabida en el nuevo entorno.
La condición de su integración es el cambio, el mismo cambio radical y feroz que el medio experimenta y que exige que los sujetos sociales sufran con él. Rolo es un extranjero en su propia tierra porque esa revolución que no puede seguir ni entender se la devuelve totalmente ajena. Quizás por eso, y a pesar de la fisonomía de Manuel Porto, nos parezca más cercano al personaje de Camus que al canon del gángster que todavía es el Padrino, o incluso a ese referente más actual y sensible que es ya Tony Soprano. Aunque existenciales, sus problemas no son precisamente consigo mismo sino con el contexto en el que vive.
El protagonista verbaliza el vacío que lo separa de ese mundo en transformación justo en el monólogo que le sirve de presentación y da inicio al filme. Lo escuchamos en off, como surgido del reverso del cuadro negro sobre el cual vemos caer diminutos copos blancos. Pero “eso que parece nieve es caspa –narra la voz. Dicen los médicos que son los nervios y no lo dudo. Desde que me licenciaron, me silenciaron. Hay quien dice que es sólo el comienzo, que me iré descascarando poco a poco hasta que no quede nada de mí. Espero que no sea tan lento, no me lo merezco. Soy de esa clase de hombres preparados para morir de un disparo en el pecho no postrado en una cama”. Sólo entonces, la música da paso al sonido de un zipper que abre el plano en dos y deja ver parte de la cara del que habla, como quien descorre una bolsa plástica del rostro de un cadáver.
Ese prólogo, el momento más emotivo de la película, quizás el único, es en sí mismo un diagnóstico. Más adelante, conoceremos que una visita al médico lo había hecho oficial. Éste rellena la historia clínica del paciente y parece anotar en ella lo que nosotros y Rolo sabemos ya: “Creo que la raíz de su problema es la inactividad”. Pero lo que realmente se determina aquí, hasta el punto de volverse efectivo, casi físico, es el divorcio resultante de la confrontación entre el protagonista y la realidad.
La comparación entre ambos había empezado con la antesala del filme. Tan pronto como Rolo, a modo de bienvenida, tocaba el arma para luego abandonarla en la gaveta, se ponía su dentadura, el anillo, nos guiñaba el ojo a través del espejo y sonreía, la cámara se desplazaba hacia la cubierta de un periódico que hablaba de revolución. A partir de entonces las imágenes que aludían a ésta se sucedían como en un noticiero ¿ICAIC? Hombre y mundo comenzaban así a medir expectativas, también fuerzas, porque la escena final de la secuencia introductoria nos presentaba la sociedad secreta, aún desconocida, para cerrar con el anuncio de su voto de lealtad: Omerta.
—¿Por qué no trabaja? –pregunta el médico e inicia así el debate que consuma el monólogo inicial.
—En este país ya no hay trabajo para hombres como yo… créame.
—Pues no tengo nada que recetarle –concluye, como aclarando que el único tratamiento para su afección psicológica es la integración.
—Me lo imagino, ni yo mismo sé por qué vine a verle –responde Rolo, cerrando el diálogo sobre esta línea y con él cualquier posibilidad de acuerdo.
El final de su alienación resulta imposible en el nuevo mundo, por eso la muerte parece seguir siendo la única salida al problema del absurdo. De hecho, así lo notificaba nuestro primer encuentro con el protagonista: aquella cara azulosa descubierta por un zipper. O, pregunta el médico: “¿Me quiere decir qué tipo de trabajo es el que le viene bien a usted?”
Este baño podía haber inaugurado la cinta. Sin embargo, llegamos a él después de casi treinta minutos de metraje, como si se precisara del primer síntoma de vitalidad de Rolo, ridículamente temerario, para revelar el origen. El del relato se halla tras la superficie ahumada de un espejo. Su mano la limpia hasta dejarnos ver parte de su rostro ahora barbudo. Un primer plano al anillo, sello de membresía, lo descubre abandonado sobre el lavabo. Luego, dedos que quitan el seguro y se ajustan al gatillo de un revólver; lo observamos colocárselo en la boca. Suena el teléfono en lugar de un disparo. También lo hace el agua que corre, sostenida, como la duda del personaje que no se anima ni a una cosa ni a otra. Finalmente, termina por retirar el cañón y asegurar el arma. Avanza con desgano hacia el teléfono que sigue sonando. Es El Vasco. Le anuncia una nueva misión.
Sólo la intriga podía detener la mano del personaje. La llamada lo trae de vuelta a la vida y con ella a la acción, o viceversa. El suicidio es sustituido por la misión y, así, Rolo se transformará de alienado en conspirador. No por gusto esta escena aparece después de que han sido presentados todos los miembros de la improvisada cofradía, también Sardiñas y Yoyi. Como tampoco es gratuito que, tras el corte, hayamos retornado a la sala donde, casi al inicio del filme, había quedado suspendida una partida de ajedrez. “Teniente Dopico por aquí. ¿Dónde? Enseguida voy para allá”. Cuelga el auricular y su figura, antes al fondo y desenfocada, se hace nítida al acercarse a la cámara. El policía vuelve al juego después de haberse incorporado a ese otro, el de la acción dramática, que había empezado sin él.
Éste no es un combatiente más que viene a sumarse a las filas del cine de la revolución. Se trata de un personaje que exhibe con desfachatez su condición de peón en el esquema político-narrativo. No hay en él conflictos emocionales ni filiaciones extremas a una doctrina. Por eso su comportamiento se rige más por la psicología del juego que por una identidad colectiva/ individual. Es aquella la que guía cada uno de sus pasos.
Su disciplina dramática habla sólo del compromiso con su trabajo, como si el suyo tampoco tuviera “nada de especial salvo el hecho de que le permite sentirse muy bien cuando lo está haciendo”. Ese placer, que lo acerca a los detectives de la tradición cinematográfica norteamericana, es lo que lo define, más que su fe en el credo que debería representar.
El filme parece estar marcado por la desideologización, sin embargo no resulta por eso menos político. Todo lo contrario.
Las referencias al contexto que hemos tenido hasta el momento son escasas, diría mejor concisas. No estamos ante una reconstrucción detallada de la sociedad cubana del período, ni siquiera de una austera composición de fondo, sino de un sintético collage de imágenes que sirve como representación. Quizás también porque se corresponde con la mirada del bando del protagonista. Estos sujetos no toman parte en la transformación de un mundo que ha dejado de pertenecerles. Su alienación implica que lo perciban desde la distancia, y que incluso lleguen a hacerlo con aprehensión. Después de todo, la paranoia será la salida a la crisis del sentido de un entorno para el cual ellos son indiferentes.
Lo que sirve a la figuración de la Cuba de entonces son flashazos a la prensa, fragmentos de películas, emisiones radiales… los medios que configuran nuestra visión de la realidad, incluso de aquella en la vivimos. “¿Puede bajar esa musiquita?”, le pide Rolo a Sardiñas en su primer encuentro en el taxi, refiriéndose con molestia a la melodía de una marcha combatiente. “¿Quiere que lo cambie?”, y mueve el dial, con sarcasmo, hacia una alocución de Fidel que anuncia al pueblo las nuevas disposiciones.
Pero esa imagen mediática es también una alegoría al carácter narrativo de toda ideología y a su uso como instrumento de control. Como si a través de ella se negociara la participación de la ficción política en la historia fílmica o viceversa: la salida del relato cinematográfico al escenario social de la producción de poder como juego de fuerzas.
No es por eso azaroso que lo que ha llevado a los asaltantes hasta el set en el que se encuentran, la mansión del Jefe, haya sido la cubierta de un periódico, la misma que sirviera de carta de presentación al mundo circundante hacia el inicio del filme. Para llegar a aquí hemos tenido que atravesar un campo minado de tensiones estéticamente calculadas. Rolo camina por la calle. Desenfocado. Lo recibimos de frente, ya nítido, como si ese corto trayecto del médico hacia nosotros hubiera despejado, al menos parcialmente, su perspectiva trágica de la vida. Ha pospuesto el suicidio y rechazado la invitación a la participación ciudadana. Un jeep cargado de guerrilleros que hace su entrada al Hotel Nacional se cruza con su mirada. Esa fugaz irrupción en la que fuera la más famosa de las residencias de la mafia en Cuba, es el presagio del arribo de nuevos inquilinos.
El encuentro que prosigue ha sido desterrado a un edificio cualquiera. Tan anónimo como deben serlo sus participantes. Una circular escalera art nouveau vista desde abajo, el cuerpo de Rolo silueteado sobre un también bello tragaluz de opalina en mitad del ascenso, luego su pie en el último escalón. Llegamos a esta reunión en compañía de una música que anticipa la amenaza.
La que nos ha convocado ha sido advertida por El Vasco. No se halla en el titular que notifica la nacionalización ni siquiera en la frase que marca en tinta roja “las lacras mafiosas… no volverán a poner…” Más bien ha sido consecuencia de la aguzada lectura entre líneas de este viejo conspirador. “¿Sabes lo que quiere decir?” “¿Qué quiere decir Vasco, me estás poniendo nervioso?” “Quiere decir que van a tomar las casas”. Quiere decir que esa realidad hasta hace poco incomprensible se les ha revelado con un sentido oculto.
La misión se pondrá en marcha a partir de entonces bajo la iniciativa de El Vasco como forma de complotar la amenaza social o, lo que es lo mismo, una sociedad que amenaza con desahuciarlos definitivamente. Pero este contra complot tiene un objetivo preciso: “Recuperaremos ese oro antes de que estos barbudos tomen la casa” “¿Y después?” “Después ya veremos”.
Rolo aprovechará sus dotes de héroe absurdo en su nuevo rol de conspirador. A punto de convertirse en nadie, este personaje es un hombre solo, dispuesto a abandonarlo todo, hasta su propia vida. Lo hemos visto perder capa a capa lo que le quedaba de sí mismo. Por eso, durante aquella llamada de resurrección, las instrucciones de El Vasco para la cita intentaban reforzar su anonimato borrando los rasgos genéricos de su identidad: “Ni traje ni corbata… todo lo que tenga tufo a burgués se va abajo”. “¡Ah!, y sal sin el hierro”, la prueba más clara de su vocación.
Dopico hace su entrada a escena para detener la huida de los asaltantes y acorralarlos en el lugar de los hechos. Ese enclaustramiento, que hará de la casa un centro provisional de reclusión y espacio de resistencia, será la causa de la trascendencia futura de la intriga.
Hasta ese instante, para Rolo y su dispar grupo todo se reducía a un único propósito. El corto alcance de la tarea justificaba su escepticismo ante la disposición arrolladora de El Vasco: “Para serte sincero… no es una misión que me provoque mucho orgullo. De cuidarle las espaldas al hombre más temido de Cuba… a ser un simple velador, hay un buen trecho”. Para él no dejaba de ser una encomienda caritativa del Jefe “para quedar bien con nosotros” porque no alcanzaba a restaurar el pasado. El mismo delimitado objetivo que lo llevó a precipitar el final una vez comprendió no iban a poder lograrlo.
Pero este cerco hará posible que comience a recuperar su antiguo aliento de vida. “No me entregué por la misma razón que no te entregaste tú –le diría más adelante a Sardiñas– porque me estoy sintiendo hombre”. El tope de expectativas que había marcado su confrontación con la realidad se convertirá al fin en pulso directo con sus representantes. Ha llegado definitivamente a la acción.
Dopico, como nosotros, empieza por asumir la situación desde el absurdo: “Debería estar haciendo mandados y mira en lo que anda”. Pero como buen agente del orden desconfía siempre de su contrario. “Hay que preparar muy bien la jugada”, dice tras su primer encuentro con Rolo. Y, curiosamente, la jugada se inicia en el gesto de meditación de Fidel en una fotografía. Sobre una de las paredes de la dirección de la escuela, lo descubrimos frente a un tablero de ajedrez; también al Che, en otro retrato. Como si a través de la iconografía revolucionaria se prolongara la partida al plano de la política de Estado.
No por gusto las negociaciones de la policía se desarrollan, vía telefónica, al interior de este despacho. Las imágenes de los líderes en plena contienda nos dan la bienvenida al intríngulis del control: el cuerpo de seguridad planea su oposición a lo que comienza a considerar una amenaza. Todo ello en el momento que antecede a la secuencia en que se miden estos dos escenarios tan paralelos como la edición que contagia sus ficciones.
El velo que cubre este enfrentamiento nada tiene que ver con la seducción. A pesar del bolero de fondo que contamina la diégesis como mismo lo hace la imaginación de Rolo y Silvana. A pesar del coqueteo que parecen repetir el guardia y la directora mientras supervisan la evacuación de los niños. A pesar de la travesura gore del pionero que pone fin al encantamiento del cortejo de un disparo. Este montaje no deja de ser un “jueguito” dramático, incluso para subrayar que hay más semejanzas de las que sospechamos entre estos dos mundos en pugna.
La condición insular que adquiere la residencia reproduce el aislamiento del país, no como resultado de una circunstancia geográfica, sino debido a la naturaleza de su proceso social. Éste también ha sido fruto de las conspiraciones secretas de pequeños grupos, como toda revolución. Pero también como toda revolución institucionalizada ha anunciado “desde su origen el fantasma de un enemigo poderoso e invisible”.
“¿Qué se ha sabido del Jefe?”, preguntaba Rolo a El Vasco en aquel encuentro revelador. “No mucho, ya sabes que es imposible mantener contacto con el exterior”, le respondía, como si además de subrayar su nuevo liderazgo nos ofreciera elementos para una comparación futura. La sociedad que los rodea se considera a sí misma una plaza sitiada como luego ocurrirá con la que fructifique de su misión.
La resistencia será para ambas principio y forma de sobrevivencia. Las dos han sido el resultado de la mezcla de sujetos heterogéneos que nada tienen que ver entre sí excepto los espacios que comparten (antes impensables) debido al reajuste igualitario que se experimenta. De manera que echar mano a un código ético, no importa cuán incomprensible resulte para aquellos a los que se incite a comulgar, sea el primer paso para establecer el compromiso y con él la unidad en medio de presiones internas y externas. Incumplirlo traerá consigo represalias que refrendarán su autenticidad. “Estado y complot vienen juntos” y sus mecanismos se anudan.
El voto de silencio será el fundamento de la sociedad que se instituye definitivamente al interior de la casa, como antes lo fuera de la antigua familia. Nada más establecido el cerco, el único de los integrantes sin bautizar deberá someterse a la iniciación. La ceremonia ha sido adaptada a los tiempos que corren, “estamos en guerra, ¿no?”, dice Rolo antes de empezar.
El ingeniero se había visto obligado a jurar de inmediato ante la desconfianza que para los reclutadores despertara su color, también su participación forzada. “No tenemos otra opción”, había sido el aval que Rolo pretextara ante El Vasco. “Además, sabe leer planos”, añadía como plus de beneficio al chantaje de Sardiñas. No obstante, las instrucciones del capo en su lecho de muerte habían sido claras: “Ojo con el negro que negocio con negro, negro negocio”.
Yoyi, su sobrino, había sido en cambio su último pedido. Por eso la hora de la ley número uno de la Comisión, “¿qué comisión?”, “la Muerder Incorporate”, le llega con la inminencia del peligro y tras su inicial amago de deserción. Un brindis premonitorio sella la constitución de la sociedad: “Por los viejos tiempos que afortunadamente están de vuelta”, dice Rolo en la penumbra, como una amenaza a contraluz.
La disparidad entre la simplificación del ritual y su proclamada trascendencia, pone bajo sospecha su credibilidad durante todo el filme. También su garantía como principio de unión de seres tan dispares en medio de condiciones extremas. Sobre todo porque la desmesura de la significación que el protagonista le adjudica se traspasa al plano de la representación.
La cara horrorizada de Sardiñas o el brazo resistente de Yoyi sujetado por Rolo en el momento del acto, son seguidos por el fuerte sonido cortante de un arma blanca. En lugar de un chorreante miembro amputado, la imagen nos devuelve una diminuta herida en el índice de cada uno de los participantes. De un tajazo la seriedad se transforma en desvarío.
“Este viejo está loco”, oímos repetir a Yoyi en tono de mofa, de desafío, de traición… No hay un instante del asalto, al interior de la residencia, en el que la cámara no se muestre nerviosa, como si la planificación pulcra quedara reservada a la gestación de la intriga. A pesar de todo, esta sociedad pende de un hilo.
Sin embargo, rozando el desenlace, la historia se permite su único salto temporal pre-59. Es la austera ceremonia de omerta de su protagonista. El director la ha sembrado en este recodo del camino con la precisión de un memo que nos llega en el momento oportuno. Yoyi ha abandonado la casa después de intentar liberar al guardia y agredir al ingeniero y a Silvana. A través de esta última vemos florecer los recuerdos. El dedo del Jefe enjugando la sangre en su boca ante los ojos de Rolo que sólo puede bajar la mirada hacia el suyo, no nos dejará olvidar el compromiso que implica pertenecer a esta familia.
Hay quien dice que el filme sólo existe para ese instante en que vemos salir a Yoyi de entre las rejas y a Sardiñas llegar a recogerlo en su flamante descapotable blanco, impecable como su ropa. Yo diría que existe por él.
Quizás haya muchas escenas así en la historia del cine, pero ésta suena a cubano. Como a propósito, el primer comentario del ex recluso, después de un sorprendido “Neeeeegro” como saludo, es para el grupo que canta.
Ahora la música se escucha muy bajo. La goma delantera se detiene y sentimos un cuerpo caer. Luego el cierre de una puerta. El volumen de la canción sube poco a poco mientras el carro arranca. Con una marcha a atrás a nuestra mirada, descubrimos a Yoyi tendido boca arriba con la garganta abierta. El arma homicida ocupa el plano. Lleno de sangre, el abrecartas, instrumento de traición y de venganza, yace en el suelo muy cerca de la oreja del cadáver. Chirrín chirrán.
El ritmo Van Van marca la cadencia de este ajuste de cuentas, pero lo que lo convierte en una escena memorable no es sólo su tempo, sino su clave. El hallazgo de su combinación es el despertar de todos los incrédulos que, como Yoyi, nunca confiaron en la trascendencia de la historia. Él mismo continúa burlándose hasta el largo segundo que antecede a su muerte, en el que se nos revela que este truculento juego no ha ocurrido en la intimidad de un autocomplaciente ejercicio cinematográfico. Esta intriga ha penetrado el campo de batalla de la sociedad.
Es cierto que hasta este momento hemos sido engatusados por soluciones extravagantes que nos han llevado a dudar, como ese delicioso baile del ingeniero que prometía a un triunfador y todavía afro Michael Jackson. Causa de la irritación de muchos, éste es el cierre del episodio de intimidad más auténtico del filme que marcará afectivamente la alianza entre los dos personajes. Sólo retornando a esa estancia nos será dado comprender el tono pop de la forzada expiación de Yoyi, además de por qué ha sido Sardiñas, que comienza la conversación preguntándole al protagonista si ha matado a alguien (“¿Quieres mayor indiscreción que ésa?”), quien terminara haciendo justicia por su mano. Esa justicia que Yoyi imaginó jamás lo alcanzaría.
Su deserción había respondido a la creencia de que abandonar el set del crimen y someterse a las leyes de esa otra sociedad mayor, lo librarían para siempre de la delirante cofradía. “Por cierto, ésta es tu cuarta vez, ¿no?”. “Y la última. Me voy a reintegrar… Me voy a sembrar café, pá la zafra”, responde como si una consigna alcanzara a absolver todas sus faltas. Pero los códigos de estos dos mundos aunque similares no son equivalentes. El delito que ha esperado hasta este instante para ser cobrado implica una deuda mayor.
“¿Y cómo terminó la cosa?”, pregunta el ex convicto dentro del carro. “¿La cosa?”, intenta rectificarlo Sardiñas. “Sí chico, el viejo, la casa…”, insiste en pormenorizar su desacato. “Como tenía que terminar”.
Después de ponerle el traspié que restituiría a la trama el instrumento de la venganza, Silvana revela la existencia de una salida secreta. Lo curioso es que esa confesión develaría también una verdad mayor: el sentido último de la intriga.
Vemos la fuga del ingeniero mientras la voz ceceante de la criada, unas veces on, otras off, describe los pasos para su ejecución. “Hijo de puta”, escuchamos decir a un indignado Sardiñas de vuelta a la sala donde Rolo aún sostiene a la maltratada Silvana. En el camino, con la confusión de la narradora todavía atontada tras el golpe de Yoyi, el ingeniero había abierto la puerta equivocada. Y así, por error, fue a dar con el oro.
Minutos después, abrecartas mediante, nos llegará el mensaje del capo con las instrucciones del cambio de escondite. Pero la epifanía dramática que Rolo experimenta en esta secuencia nada tiene que ver con la localización real de un tesoro que ha dejado de ser hace mucho la finalidad de la acción, sino con la posibilidad de encontrar una salida permanente a su vida.
Hasta ese momento, el protagonista no tenía otros planes como no fueran los de tratar de encender su fosforera. Sin embargo, la huida se le presenta como garantía de subsistencia para su nueva familia. “No voy a dejarlo solo, Jefe”, concluye el ingeniero confiriéndole, junto a la criada, la titularidad de Don.
“Vete Sardiñas, ya sabes cómo hacerlo… Es una orden, acuérdate que hicimos el pacto de omerta”, le encomienda Rolo ante su imposibilidad de abandonar a Silvana pero con la certeza de que “un solo camarada de armas es suficiente: uno no necesita tener a toda la sociedad de su parte”. La vía de escape será la salida al secreto en que deberán seguir existiendo en lo adelante.
Por eso el ingeniero se asegura de que nosotros y Yoyi hayamos comprendido la significación de su muerte antes de poner término a su vida. Toda la conversación que han mantenido hasta este instante ha sido un diálogo exegético que terminará con una demostración: esa pequeña y extravagante sociedad se ha convertido en un universo alternativo que ha invadido el mundo y construido otra realidad que el final del relato no hará sino avizorar.
La película se nos descubre intrincada como un complot, no por la discontinuidad de la trama, sino porque en ella se ha cifrado lo que es esencial. Es eso lo que ha diluido la emoción y ha evitado que establezcamos vínculos afectivos con los personajes. Esa renuncia a sentimentalizar la experiencia estética del espectador y oponer en cambio un distanciamiento por momentos cínico, otros burlesco hace que esta historia de traiciones y lealtades, construida sobre un derroche de intriga y suspense, no llegue a provocar en nosotros la más mínima conmoción como no sea la de la risa en sus pasajes más osados, rayanos en el absurdo.
La elipsis de la pasión sería también un argumento ante la frialdad de las actuaciones, sobre todo ante la llaneza de la de Porto. Sí, porque la pasión ha sido descentrada si no abstraída al plano de la construcción cinematográfica. Quién sino un apasionado artesano del sentido podría lograr esta artificiosa estructura hecha a base de piezas meticulosamente combinadas. Piezas tan heterogéneas, como global resulta su procedencia, y que nada tienen en común excepto el gusto de su director. Esa disparidad apareada es la que oculta la verdadera intriga al tiempo que sirve a su producción. Sólo un ejercicio cinematográfico casi puro podía producir un filme como Omerta: con fecha y localización históricas concretas pero con una relación absolutamente desmaterializada con su contenido. El ajedrez del funcionamiento de lo social más que la sociedad propiamente dicha, es aquí el tema.

“Divino tesoro”, reza el cartel que nos recibe a la entrada de la casa, “Hospital geriátrico”. Esta locación ha sido el escenario de las distintas fases por las que ha transitado la asociación paralela: el crimen organizado, la misión y la conspiración. Es en esta última donde nos reencontramos y se reencuentran los personajes.
El sonido de un carro nos introduce a Sardiñas que ha venido al cumpleaños de una anciana Silvana. “Salud que haya porque belleza sobra… Iba a traer a la niña pero tuve que hacer un trabajito antes”. “¿Y cómo salió el trabajito?”, aparece nuestro protagonista envejecido. “Bien”, sólo nosotros y ellos sabemos a lo que se refieren. Acabamos de dejar un cadáver en medio de la carretera. “¿Bien?”, insiste mientras señala una mancha de sangre en el encaje impecablemente blanco de la camisa del ingeniero. “Muy bien”, concluye éste orgulloso.
Junto al estatus de Don, Rolo ha heredado su residencia, un asilo. Sardiñas, en cambio, es el único integrante integrado de la cofradía. Él es la garantía de su descendencia y el medio más plausible para infiltrarla en esa otra sociedad mayor. La venganza de la que hemos sido testigos es la prueba de que ha trascendido su enclaustramiento y motivación incidental. “Tengo planes”, dice el jefe. “¿Me los cuenta?” “Hay más tiempo que vida… Quiero madurarlos bien porque no puede haber imprevistos”.
La edificación que antes fuera barricada, lugar de resistencia, se ha convertido en retiro, en un albergue fruto de la seguridad social o, cabría decir, de lo que hace una sociedad para protegerse a sí misma. Su simbolismo no ha dejado de medirse con respecto al contexto en el que se encuentra. Por eso el teniente Dopico que ahora está dentro, de visita, juega en ella su eterna partida de ajedrez.
El triunfo que parece obtener al final es justamente el de este escenario como salida a la imposibilidad de erradicar a aquellos que rechaza. Porque tampoco consigue afiliarlos. Debe vivir con ellos aunque intente ocultarlos bajo nociones de representación y mayoría. Pero se trata sólo de una partida, el juego continúa. “El esquema de una sociedad es el campo de batalla y no el pacto, es el estado de excepción y no la ley”. Y así, con un paneo que registra el espacio múltiple de la convivencia, el director vuelve sutilmente a “enterrar plata en una botella en medio de la noche”.
Mailyn Machado

EL ACOMPAÑANTE: Premio de guión Julio Alejandro.

Pavel Giroud, guionista premiado en España: «Faltan narradores con cosas buenas que contar en todo el mundo»

Escrito por © Jon Apaolaza (Málaga)-NOTICINE.com
Martes 20 de Abril de 2010 20:02

El cineasta cubano Pavel Giroud acaba de ganar el VII Premio Julio Alejandro de Guión, patrocinado por la Sociedad General de Autores española (SGAE), dotado con 50.000 euros, con un libreto titulado «El acompañante», que está pensando en llevar a la pantalla pronto, esta vez a diferencia de sus anteriores «La edad de la peseta» y «Tres veces dos» por fuera del ICAIC, la productora oficial cubana. Dialogamos con él en exclusiva en el Festival de Málaga, donde ha recibido el galardón y su jugoso respaldo económico.

– ¿Cuál fue el origen de «El acompañante»?
El guión surge a partir de un hecho que se convierte, como casi todos los proyectos, en detonante de una idea que luego se va desarrollando. Estaba con una amiga que leía un periódico y éste decía que Cuba tenía uno de los índices más bajos de propagación del sida, y ella me dijo: «Y a cambio de qué…». Y nos pusimos a hablar de los «Cocos», los sanatorios que instauró el gobierno para ingresar allí obligatoriamente a los seropositivos. De allí sólo podían salir una vez a la semana vigilados por un «acompañante». Cuando oí eso me quedé fascinado por esa figura, porque conocía la historia de los sanatorios y el drama de los enfermos, pero no sabía que existían acompañantes. Entonces me pasé un año investigando el tema y sobre la enfermedad en sí y la vida en los sanatorios. Hice un primer borrador del guión, que era muy panfletario, muy acusador y ajeno a lo que me interesa como cineasta. Pero rapidamente, un amigo, Alejandro Brugués, guionista, director y productor, se interesó en la historia, con su productora independiente, que se llama Quinta Avenida, y luego se sumó el francés Pierre Edelman. Ellos me llevaron a otra visión de la película, a encontrar mis personajes protagónicos, a desarrollarlos… De hecho ellos son coguionistas y parte del premio será para ellos. De esta forma el proyecto tomó otra dimensión. Se convirtió en una película de personajes en un ambiente hostil y dejó de ser panfletaria. Luego obtuve una beca de la Fundación Carolina, en la Casa de América de España, y allí fueron determinantes Vicente Leñero («El crimen del Padre Amaro») y sobre todo Senel Paz («Fresa y chocolate»), que se interesó por la historia y trabajamos mucho sobre la relación entre los personajes. Así que aunque haya figurado yo sólo, es un guión en el que ha participado mucha gente.

– ¿»El acompañante» es un trabajador sanitario o agente de la seguridad…?
No sólo en Cuba sino en todo el mundo cuando aparece el sida se crea una gran paranoia. La labor del acompañante la hacían trabajadores de la salud, estudiantes vinculados a las ciencias médicas o gente que iba en busca de ese trabajo porque estaba muy bien pagado, en una época en que empezaba a florecer la crisis económica en Cuba que nos ha azotado por más de 20 años. Era un trabajo con peligro, pero recompensado.

– ¿Que perspectivas tiene el guión de ser realizado?
Por la parte cubana está bastante cuadrada. Va a ser una película independiente. Las dos anteriores fueron producidas por el Instituto del Cine Cubano (ICAIC), pero aunque ellos me ofrecieron toda la colaboración y no vamos a renunciar a tener un vínculo con el ICAIC, sí me interesó mucho la idea de experimentar nuevas maneras de producir, ahora a gran escala. No está cerrada la coproducción internacional porque parte de las normas de este concurso Julio Alejandro es que no hubiera acuerdo cerrado con ninguna empresa, pero ya hay gente interesada y creo que pronto «El acompañante» se convertirá en película.

– ¿Cuál es la situación actual del cine cubano?
Me alegra que me preguntes eso porque me hizo una entrevista recientemente una agencia y en lo que salió publicado se me adjudicaba una visión muy apocalíptica del cine en Cuba. Parece que como está de moda hablar mal de Cuba en los medios de comunicación sólo reprodujeron lo malo que yo veía del cine en mi país y no lo bueno. Lo que a mí me parece positivo es la conciencia que hay entre los que rigen el cine, de que debe de haber un cambio. Lo piensan en el ICAIC y también los cineastas independientes. Todos los que estamos en este mundo somos responsables de la crisis que vive el cine cubano. Me preguntan que por qué yo he culpado al ICAIC de la situación, y la realidad es que yo no culpo a esta institución en exclusiva, porque los responsables somos todos: ellos, los cineastas, los críticos… Lo importante es darse cuenta de cuáles son los problemas para luego elevar el cine cubano a la situación que vivió hace años. Sabes bien que en muchos festivales, incluso de nivel medio y bajo el cine de mi país está desaparecido: Con cuentagotas sale una película cada 3 o 4 años… El ICAIC ha insertado a muchos jóvenes en la industria, pero su capacidad y la metodología para hacer el cine está muy vieja. En la periferia del Instituto se está haciendo mucho cine sin mesura. Se están desperdiciando demasiadas buenas balas. Se hacen películas como sea, sin prepararlas… Hay grandes temas malogrados y nos queda al menos un período de 7-10 años para que todo vuelva al camino. Hay mucho talento en todas las esferas, y existe una conciencia entre los que dirigen el cine de que eso debe cambiar radicalmente, pero en lo que vamos buscando el camino, tal y como está diseñada la estructura económica de Cuba, ahora mismo no estamos bien situados.

– ¿Hay también crisis de ideas?
Creo que faltan narradores con cosas buenas que contar en todo el mundo, incluso en Hollywood o en el cine independiente norteamericano. En Cuba también, pero yo veo en mi país muy buena materia prima, buenos temas que no se han visto en el cine, y que empiezan a aparecer en pequeñas obras, pero mal acabadas y preparadas, pero con buen condimento. Al no haber canales establecidos para que las buenas ideas lleguen a buen puerto aparece la crisis de la que hablábamos. Pero estoy convencido de que van a salir historias, porque Cuba no se parece a ningún otro país, ni en su estructura política, ni en la económica o la social. Y todo eso irremediablemente va a dar cosas nuevas. ¿En donde falla? En que esas cosas lleguen a buen rumbo.

– ¿Tiene alguna otra idea en su cabeza?
Yo tengo, y cualquiera que trabaja en esto… tiene muchas ideas. Guiones tengo varios guardados, y ninguno se parecen entre sí. Normalmente me concentro en una sólo idea. Estoy trabajando sin sentarme aún en un papel, tengo en mente una historia cómica al estilo Gutiérrez Alea, sobre alguien que entra una noche en un hospital con una pequeña herida y acaba muriendo a la mañana siguiente, y estoy trabajando también en una historia más dramática sobre las carreras de coches clandestinas en La Habana. El hijo de un importante funcionario arrolla y mata al hijo de un don nadie, y ahi arranca el conflicto.