CRITICA: Omerta. Havana Film Fest, New York

HFFNY ’09: Omerta
When Castro came to power, he nationalized everything, including organized crime. Of course, you will not hear about the drug traffickers and narco-terrorists doing business with the dictator in contemporary Cuban cinema, but they would horrify the old school gangster protagonist of Pavel Giroud’s crime thriller, Omerta (trailer here), which screens during this year’s Havana Film Festival New York.

It is 1961, and Giroud takes pains to include plenty of state broadcasts trumpeting the revolutionary triumphs of the new regime. However, once the propaganda is out of the way, Omerta settles into an entertaining crime story. Rolo Santos is a proud man, who lived by a code: Omerta. As the former bodyguard of an American gangster, Santos is now at loose ends in the new Cuba. Finally, word of an assignment comes from a former associate—they must break into the boss’s confiscated mansion to recover a hidden cache of gold.

Unfortunately, Santos’s old friend dies before they can carry out the job, leaving him with a ne’er-do-well nephew as his replacement. Together with a cab-driver reluctantly recruited by Santos, they hit the mansion. However, instead of gold, they find the long-time maid still on duty. Much to Santos’s regret, he quickly finds himself immersed in a hostage situation, holding a copper and the woman for whom he has long carried a torch.

The relationship between Santos and his would-be love gives Omerta surprising heart thanks to the chemistry between Cuban actor Manuel Porto and Spanish actress Teresa Calo, which suggests years of history between the two. Their intimate moments during this time of crisis, like a nostalgic dance they share between calls from the police, are indeed quite touching.

As for the caper, Giroud efficiently maintains the tension, throwing in some interesting wrinkles along the way. Although there are plenty of flashbacks, Omerta’s timeline is always easy to follow and the pacing never flags. While the supporting players might not have the considerable screen-presence of Porto and Calo, they are certainly serviceable in their roles.

Despite hewing to the requisite party line, Omerta is an entertaining and even endearing period noir. For sophisticated viewers able to parse diegetic propaganda, it is worth screening. It plays again at the HFFNY this coming Monday afternoon (4/20).
Labels: Cuban Cinema, HFFNY ’09

posted by J.B. @ 5:02 AM

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Anna piropea a Omerta en una carta a Juani

Juan,
¡como me gustaría criticar la película de Pavel Giroud!
Ya que efectivamente no he leído hasta ahora ningún articulo que hable de ella, quisiera decir algo porque me parece que esa película lo merece .
Fui a ver Omerta durante el Festival del nuevo cine Latinoamericano, era una noche ventosa y friolenta y no quería salir de mi casa, pero no se que me pasó, di pronto me vino una gana incontenible de ver algo mafioso…. jejejeje…

En el cine Yara me senté en primera fila porque quería ver la película sin problemas de barreras arquitectónicas, las butacas de un cine me resultan muy incomodas, mi pierna izquierda no se dobla ni muerta así que el único remedio para sentarme cómoda es ponerme bajo de la pantalla. El cine estaba repleto de gente que no acababa de hablar, de comer palomitas ruidosas, de ir al baño que estaba exactamente a la derecha de mi pierna rígida, así que todo el mundo me pedía permiso en la mayoría de los casos, otros me miraban malísimo parándose delante de mi esperando que quitara la pierna entrometida entre la pantalla y el baño. En fin, este era el cuadro de la situación, terrible lugar para ver una película en santa paz.
Sin embargo desde que la película empezó yo estaba fascinada, esa nieve que me caía encima en la oscuridad de una voz amable que nos revelaba los secretos de la edad me capturó en seguida, estaba como hipnotizada, tanto que me levantaba, sin mover mis ojos y mis oídos de la pantalla, a cada rato para que la gente pasara para ir al baño, lo cual es muy raro en mi, en otra ocasión hubiese salido del cine y decidido ver la película en otro momento.

Y cuando finalmente la luz nos inundó me vino espontaneo batir las manos, como hacen los niños frente a tanta maravilla. Ese actor tan bueno que pícaro se miraba delante de un espejo de otros tiempos, dirigiéndose a un armario que me acordó mi abuelo, me hizo llegar incluso el olor a naftalina. Lo percibí fuerte y claro en mi nariz, esa fotografía tan precisa y a olor a ébano me regaló momentos de mi niñez. Me predispuse entonces a pasar un rato extraordinario y así fue. Me gustó tanto la película que fui a verla dos días después obligando Fernando Pérez a verla conmigo, esa vez nos sentamos mas lejos de la pantalla porque Fernando es tan gentil que les permite a uno de acomodar su pierna que no se dobla sobre el.

A Fernando Pérez, un estimador excelente de películas, también le gustó mucho.

Por eso no entiendo porque nunca se habló de Omerta ya que según mi opinión estamos delante de un gran director de cine, un perfeccionista digo yo. La historia muy bien contada nos demostró como desarrollar (déjame subrayar) con poquísimo recurso económico una historia de Época en una pocas locaciones, con pocos diálogos y una gran puesta en escena. Para mi gusto todo estaba en su lugar, no faltaba nada y nada sobraba, los actores buenísimos fueron dirigidos ad Arte; el guion perfecto en su estructura narrativa, cada palabra tenia un sentido profundísimo, me daba la sensación de encontrarme en un cuento de humor ingles refinado, un pedazo de Historia politica y social contada ad oc nos revelaba una Cuba que yo personalmente desconocia; de la fotografía ni hablar, cada plano era un cuadro que todavía recuerdo nítidamente, y recuerdo que cuando se acabó la película dije a mi compañero de butaca: si yo tuviese 13 millones de dólares como los tienes Luc Besson, se los daría de inmediato a Pavel Giroud a ojos serrados. Fernando se rió pero me contestó: tienes razón, yo también se los daría.
Estoy segura a ojos serrados que Pavel Giroud es un Cineasta que no tiene nada que envidiar a los Hermanos Cohen o otros tantos mas… Takeshi Kitano seria feliz de verla, reconocería de inmediato un buen discípulo como Pavel Giroud, que lastima que los críticos de este País no se dieron cuenta, a excepción de los de Matanza que lo premiaron justamente. Les pido arrodillandome, con la unica pierna que se dobla que tengo, a Frank Padron que nos haga ver Omerta en su programa de Cine de nuestra America. Mil gracias anticipadas.

La mía obviamente no es una critica de critico de cine porque no lo soy, mi trabajo es otro. Pero si de algo sirve mi opinión de siciliana pasionaria y cinefila indomable con esperiencia larga 40 años (ya que mi papa me llevaba al cine desde que tenia 8 años) me gustaría decirles a Pavel que en mi tiene una ferviente amadora de Omerta, ese chucho a la mafia me hizo reír muchísimo, y ya que estoy soñando sueño en grande y me imagino que un día no muy lejo llegará un productor con mucho dinero que será bien dispuesto a invertir un dineral en este extraordinario Cineasta cubano. Se lo merece, a pesar que la película pueda o no gustar por el contenido literario de difícil lectura, Omerta es una excelente obra de arte cinematográfica.

con cariño siempre, Anna assenza
(disculpa mi español espantoso, pero que remedio, me sale la siciliana siempre y eso me hace escribir como hablo)

Historia de un gánster cubano

Por Rubén Padrón Astorga  

Portal de Cine y Audiovisual Latinoamericano y Caribeño

Un viejo gánster ha decidido revivir sus tiempos de gloria. Ayudado por dos advenedizos, resuelve practicar la antigua norma Omerta en la búsqueda de un tesoro.

En efecto, no se trata de un robo, sino del rescate de un tesoro en la antigua casa de un capo mafioso. Pero uno de los ayudantes amarra por gusto a la sirvienta de la casa; Rolo, el gánster, se figura que el desenterramiento del tesoro es una gran misión; el otro ayudante se coge demasiado en serio la subordinación a Rolo; y unas vecinas que sospechan avisan a la policía. Nada más que esto. No es, por tanto, cine negro. Es más clarito. En esto consiste la burla que es toda la película. Cada personaje es una burla de lo que representa.

Es sorprendente en Omerta lo poco que se dan los personajes a los espectadores, lo poco que parecen deberles. Uno se siente extrañado contemplándola, pues uno está acostumbrado a personajes que hacen concesiones al espectador, que parecen fabricados, no para decirle nada nuevo, sino para corroborarle lo que piensa. Personajes sin carácter, caricaturas que parece que miran de reojo a las lunetas, como preguntándose si lo están haciendo bien. En Omerta no hay servilismo de los personajes. Estos no le deben nada al espectador, se deben solo a sí mismos.

En estos tiempos, si el personaje no dice lo que se espera que diga, entonces es débil o está mal caracterizado. Si lo que dice suena a bolero, entonces es cursi. Si lo que dice no es extravagante, entonces no tiene gracia. Hay muy poca humildad en todo esto. Dicen que el espectador contemporáneo ha perdido ingenuidad. No lo creo. No es inteligencia lo que veo, sino petulancia.

Creo que nos hacía falta un gánster modelo, chapado a la antigua, amable y justo. Alguien se preguntará si los gánster son así. No importa, hay demasiada gente que sin ser gánster no es así. Creo que lo que Pavel propone va mucho más allá del gansterismo, y mucho más acá de las personas que viven dentro de la ley. Ser justo va mucho más allá de la profesión que se practica, sea legal o no; cae más bien dentro del terreno de la moralidad. Se puede ser injusto y profundamente inmoral. Es más, solo quien es injusto es verdaderamente inmoral.

Nuestro gánster de Omerta, entrañable personaje que prefiere la persuasión a la fuerza, la justicia a la violencia, el ayudante laborioso al haragán, la muerte a la vejez inútil, está caracterizado con simpatía. No era más que esto lo que había que darle a nuestro gánster, es decir, una oportunidad y un poco de simpatía. Lo mismo para los ayudantes. En ausencia de otra, Omerta es la ley que los acoge. No son más que dos infelices que se apuntan a un bombardeo. Otro tanto se podría decir de los policías. ¿Qué piensan estos policías misteriosos de Omerta? Quizás ni ellos lo sepan.

La película está salpicada de pequeñas burlas. Como piedrecitas, están puestas para atravesarse en el camino del espectador. A veces molestan, pero es la molestia grata que provoca lo difícil, lo insinuante, lo paradójico. También tiene deficiencias Omerta, pero estas son más débiles que sus propósitos. Tal vez en el cine de nuestros días las deficiencias no se perdonen, pero no hay mejor placer, a veces, que contemplar un error que se ha cometido a cambio de un poco de desenfado.

Omerta: Las leyes del género y el desconcierto

Aquí les dejo otra crítica que destroza mi película. Esta me gusta mucho, porque aparece una definición de mi película que me encantaría incluir en el poster o la tapa del DVD: “una película rara, distante, hierática”

Disfrútenla

 

Por: Joel del Río

Correo: cult@jrebelde.cip.cu

06 de enero de 2009 00:42:41 GMT

Omerta es una película cubana de gángsteres, en la línea de El Padrino, y de algún modo parecida a ciertos filmes realizados por Alfred Hitchcock o protagonizados por Edward G. Robinson. Se agradece que Pavel Giroud, el director y guionista, se arriesgara a pulsar una asignatura pendiente del cine nacional, y al mismo tiempo, probara fuerzas en un género que a todas luces adora. Aquí está el tipo duro venido a menos, pero todavía caballeroso y gentil, insobornable y bondadoso; se prueba el suspenso inherente al subgénero caper (variante del cine criminal consagrada a relatar un gran golpe emprendido por uno o más delincuentes); aparecen por supuesto los códigos de honor y lealtad entre los implicados; está el héroe envejecido que se enfrenta a ese último robo que le permitirá tal vez redimirse… pero la manipulación dramática de todos estos motivos no alcanza —por mucho que este crítico se empeñara en autoconvencerse— la lógica irreprochable, la entidad y el calado inherentes a las grandes películas de ese género (entiéndase no solo los añejos ejemplos mencionados, sino también otros más contemporáneos dirigidos por Martin Scorsese, Takeshi Kitano o Quentin Tarantino, por ejemplo).

Algo ha fallado en la esperable fluencia de afectos entre el público y esta nueva película cubana. A mi entender, tal comunicación se vio obstaculizada por la casi imposibilidad de identificación con algún personaje, y también se debe a la extrema diversidad de tonos elegidos por el autor, pues si bien el filme cataloga como un todo dentro del cine criminal, hay demasiados momentos consagrados a la farsa, la parodia, e incluso al musical y el drama romántico. Tales momentos dispersan la atención del respetable pues rompen la tónica, la lógica del relato y el ritmo narrativo que se supone dominante. Demasiado juguetonas, o paródicas, ciertas escenas que se suponían melodramáticamente cruciales; excesos de pomposidad en el lenguaje de la fotografía (encuadres hipersofisticados, constantes barridos, movimientos nerviosos de cámara, zooms reiterados) que también contribuyen al distanciamiento; diálogos y acciones acartonadas, solemnes o ritualizadas; música grandilocuente en apoyo de acciones mínimas; retrospectivas que poco favorecen la profundización en la siquis de los personajes que las protagonizan y además entorpecen el fluir de la muy desvaída trama principal; ambigüedad en el acercamiento a los preceptos éticos de los personajes; un asesinato vindicativo al son de los Van Van, que llega a desconcertar al más tolerante de los espectadores; ausencia de humor y de tragedia, de drama y de comedia, o por lo menos torpeza en el manejo de las cuotas precisas de cada ingrediente… en fin, se asumieron muy externamente los códigos elegidos, y el producto termina siendo una película rara, distante, hierática.

En una época como la actualidad, cuando se percibe el viraje del cine nacional hacia los géneros convencionalmente aceptados (Barrio Cuba, Personal Belongings y Mañana, en el drama filial; Viva Cuba y Miel para Oshún en la road movie; El Benny, Bailando chachachá, el segundo cuento de Tres veces dos y Habana Blues, en el musical; Kangamba en lo bélico) habrá de tenerse en cuenta los aciertos y virtudes de Omerta en cuanto al acatamiento de, o ruptura con, los cánones que gobiernan la eficacia dramática del filme en el juego con las claves genéricas empleadas. Será una lección de obligatorio aprendizaje para todos, porque para nadie es secreto que la mayor parte de la eficacia, en este tipo de películas se construye en el guión, con el diseño de los personajes, el fluir y la interrelación de las acciones. Igualmente se impone volver a revisar los clásicos de cada índole, estudiarlos hasta la saciedad, develar los secretos de su eterna juventud, y además, buscar la manera de variar los cánones que asentaron tales títulos sin lesionar la comunicación con el público. Se dice fácil, pero no hay otra forma. Cuando una película de gángsteres no funciona, es porque, hablando mal y rápido, se violaron las leyes que rigen este tipo de obras, o se alteró demasiado drásticamente la tipología de sus protagonistas típicos, o se irrespetaron las estructuras dramáticas y narrativas que el público espera, y ansía ver, en tales casos.

No soy yo de quienes apuestan porque en el cine cubano todo atraviese los seculares cauces del melodrama y la comedia costumbrista, pero a Omerta le faltó la humildad de atenerse amorosamente a sus personajes, a los presupuestos estilísticos y narrativos inherentes al llamado cine negro —por muy cubana que quisiera ser esta variante— y se extravió en distanciamientos y maniobras formales e intergenéricas que exceden los propósitos, se van de las manos e incluso pueden llegar a molestar. Cuando Sardiñas decide mostrarle a Rolo el pasillo de su creación (momento bailable-musical en el cual se adivina al «futuro» Michael Jackson), al espectador, por lo menos a mí me pasó, no le queda más remedio que considerar totalmente extemporánea una alusión desligada por completo del resto de la película.

Conste que deshilvanada y todo, la escena de baile está formidablemente filmada y editada, como había de esperarse entre profesionales con tanta experiencia en el videoclip nacional. Además, en el filme todo, no deja de ser virtuosa ni la dirección de arte de Onelio Larralde, ni la edición de Lester Hamlet (uno de los rubros más funcionales y certeros) ni la fotografía de Luis Najmías (incluso cuando el pacto entre director y fotógrafo optó por picadas y contrapicadas a lo Citizen Kane que aportan una retórica bigger than life, demasiado prolija para este relato).

Omerta, del realizador cubano Pavel Giroud, se presentará en los cines de estrenos de la capital hasta el 7 de enero.

En el acápite de los aciertos debe anotarse también la participación de rostros jóvenes y poco habituales en la gran pantalla. El talento y la sinceridad de Manuel Porto permanecen incombustibles, aunque lo llamen poco para el cine, y así le confiere una dignidad a su Rolo que lo salva del patetismo y la autoparodia. Kike Quiñones, Yadier Fernández y Ulik Anello formulan tres respectivas antítesis del protagonista, y cada uno sale airoso a su manera en el duro cometido de acompañar al héroe, brevemente, y no resultar eclipsados por la impronta del veterano. Ojalá cuenten los tres con futuras ocasiones de manifestar sus talentos. Solo apuntar el desafuero en la norma lingüística del personaje que interpreta Yadier Fernández, quien emplea giros coloquiales francamente contemporáneos, anacrónicos en una trama que se supone ambientada hace 40 o 50 años.

Muchas veces se asegura, en el medio cinematográfico, que la verdadera prueba de fuego para un joven cineasta no es tanto la primera película como la segunda, la cual deberá convertirse en fecunda demostración, promesa ratificada. Omerta constituye el segundo intento de Pavel Giroud en el largometraje de ficción, luego de la auspiciosa, y en muchos sentidos convincente La edad de la peseta, y de los celebrados cortometrajes Todo por ella y Flash (primer cuento de Tres veces dos). Pavel ha demostrado habilidad para crear atmósferas, conferirle solvencia a su representación y visualidad a una historia. Sabe manejar eficazmente la mayor parte de los códigos cinematográficos que conforman una película, y se encuentra apostado justo en la encrucijada que lo enfrentará a su tercer intento en grande. Quizá sea el momento para reflexionar —sin fiarse excesivamente de un talento que nadie debe negarle— sobre el cariz que tendrán sus películas venideras. Tal vez deba cuestionarse si será mejor continuar imprimiéndole su impronta a guiones ajenos, o cargar con la responsabilidad de idear la historia y luego ponerla en escena. Pero yo estoy muy lejos, sinceramente, de tratar de decirle lo que debe hacer, como no sea que ha contraído la responsabilidad de insistir una tercera, cuarta, quinta… vigésima vez. Su oficio es fabricar buenas películas, y el mío es criticarlas. Ambos estamos tratando de hacerlo lo mejor posible. Creo yo.

CINE NEGRO A LA CUBANA

09/12/2008

Por Yuris Nórido

Con Omerta, Pável Giroud rinde homenaje a uno de los géneros cinematográficos más populares: el cine negro. En algún momento de la trama uno pudiera pensar que, más que un homenaje, el director pretendió filmar, efectivamente, una película de ese tipo con todas las de la ley. Pero es imposible tomarse del todo en serio las referencias formales, lo guiños al género, no solo porque hay cierta voluntad hilarante (que la hay, y muy evidente) sino porque esas referencias están demasiado acentuadas, hasta el punto de que a uno no le queda más remedio que asimilarlas casi como paródicas.

Está, por ejemplo, todo el regodeo en lo elíptico: la sombra de un personaje en la pared, pistola en mano; las siluetas distorsionadas por un cristal, la acción sugerida, o escuchada a través de la pared… Es marcada la intención de reunir todo el rosario de situaciones y efectos que han devenido característicos de una manera de hacer cine. Pero aquí no se asumen con la naturalidad de las películas negras de siempre. La historia misma parece concebida para el remedo desenfadado.

Nada de esto resta méritos a la cinta. Podría ser, incluso, su principal atractivo. Qué más da cuáles hayan sido las intenciones del director. El resultado ha sido una película simpática, entretenida, correcta.

La historia de un gánster en la Cuba de los primeros años de la Revolución, cuando se ha hecho más que evidente que el mundo al que pertenece se ha derrumbado, deviene una parábola singular sobre el hecho mismo de envejecer, de resistirse a la idea de que tu tiempo pasó. El héroe de la historia –que como en tantas películas del cine negro, es también un antihéroe, aquí se borran las fronteras- está consciente de que las circunstancias ya no le son propicias, pero se aferra a un sistema de valores que trascienden la esencia delictiva de su “profesión”.

Hay mucho también de aquello de que “perro huevero, aunque le quemen el hocico…”, pues este individuo es incapaz de “regenerarse” de “integrarse” a una nueva realidad sin que este hecho signifique su frustración, su decadencia. No le queda más que insistir en sus andanzas. A Pável Giroud, en todo caso, no le interesa juzgar con severidad a sus personajes, al menos no a su personaje protagonista; otra cosa sucede con el de un delincuente de poca monta; aquí se dejan bien establecidas –otra vez como en el cine negro- las diferencias entre el delincuente de cuello y corbata, y el ratero sin modales.

La historia fluye bien, sin altibajos significativos. Giroud dinamita con dominio la narración cronológica, para crear un entramado favorable al suspenso. La dramaturgia es bastante cuidadosa, aunque después de la mitad, la cinta decae un poco en ritmo e interés de las peripecias.

A la hora de recrear una época, Giroud se vale de los mismos recursos que en su anterior La edad de la peseta: predominio de primeros planos y planos medios, énfasis en los detalles; fotografía, de fuerte carga expresiva y peculiar estilización; banda sonora perfectamente contextualizada (que en este caso rinde homenaje a la musicalización característica del cine negro, con partituras que remarcan la tensión y golpes musicales que acompañan a golpes de efecto).

En cuanto a los actores, Manuel Porto interpreta con extraordinario carisma al gánster en cuestión, haciendo énfasis en el tipo, pero sin caer en la caricatura. Plausibles también los desempeños de Quique Quiñones y, sobre todo, Yadier Fernández.

Con este segundo largometraje, que cuenta con todos los ingredientes para atraer a un público amante de las historias de mafiosos, sobre todo si están contadas con mucho humor, Pável Gikroud se consolida como uno de nuestros más briosos realizadores. Un director que sabe moverse en disímiles géneros, que se resiste a ser encasillado.

OMERTA: Filme de Mafia en La Habana

Por: Marlon Brito López.

Omertá es la recién estrenada película del realizador cubano Pavel Giroud, en el 30 Festival de Nuevo Cine Latinoamericano nos recrea a la Habana en el año 1959. Habla de hombres vinculados al código Omertá y su metáfora es precisamente basada a ese código, la traición se paga con la muerte.

Un filme que se sustenta y crece con elementos del cine negro y principalmente con el adecuado uso de esteriotipos del cine de la Mafia. Es quizás, un guiño a Mario Puzo y al maestro Ford Coppola, porque Pavel Giroud respeta la zona paradojal de la mafia que establecieron como cánones de este tipo de cine el binomio Puzo-Coppola.

Por encima de toda opinión, Omertá posee su propia personalidad, no traiciona la estilística del cine cubano y su aporte al séptimo arte criollo, aunque transita por un género poco tratado en el cine que se hace en la isla, no renuncia a reflejar al cubano tal y como es, intrépido, altruistas y con un gran sentido del honor y un insaciable humor.

De muchas ironías esta hecha la vida y esas ironías están presentes en el filme. Es archiconocido que La Mafia y el comportamiento mafioso, es abarcadora y está peligrosamente difundida. Eufemísticamente, es una trasgresión organizada, pero en realidad es un comportamiento grupal brutal y delictivo por excelencia, que no admite disensos y exige acatamiento neto, bajo pena extrema.

En el filme de Pavel se observan esos elementos, sin embargo aporta más. Pavel evitando edulcorar a sus mafiosos, establece muy bien las diferencias personales de cada uno de los personajes vinculados al código Omertá y sabe construirlos con una psicología bien definida para hacer tangible la historia, la época y el contexto social que se esta viviendo.

Como elemento interesante nos propone que en esta micro fracción de la mafia cubana se experimenta cierta integridad racial porque acepta en sus filas a un hombre de la raza negra, esta licencia asumida por Pavel enfatiza la poderosa convicción ideológica que se planteó en su punto de vista.

Hay un momento en el transcurso del filme que no esta a la altura de la obra, tiene que ver con la solución que se le da desde el punto de vista de puesta en escena a la secuencia del niño que hiere al gendarme de la policía, la acción dramática de este suceso posee altibajos, el montaje, aunque hace gala de su buen oficio no logra solucionar plenamente esta situación.

Ojo, aunque la secuencia anterior posee altibajos en su puesta en escena, posee un sólido fundamento dramaturgico. Teniendo en cuenta que el absurdo es permisible y es una carta de triunfo en esta película, la ingenuidad del chico que toma el revolver y asesina al policía no es un error del guión, son elementos de apoyaturas que actúan como suspenso en esta secuencia que a modo de parodia representa los contrastes psicológicos existentes entre los personajes y la época, sacando a luz otra metáfora, unos matan por oficio, otros por inocencia.

En las actuaciones se destacan los jóvenes y los más consagrados, pero la triada integrada por el camaleónico Manuel Porto, el consagrado Kique Quiñones y el versátil Yadier Fernández, es una muestra de la apropiada y convincente selección de casting empleada por Pavel y los productores del filme. No nos asombremos si uno de estos nombres es nominado al premio de actuación masculina o de reparto, el histrionismo y lo orgánico se hace muy evidente en cada una de estas interpretaciones.

De otra parte, en lo formal tal vez otros pueden encontrar en Omertá lo manido, lo clásico, pero Pavel en este divertimento logra trasmitir códigos universales, vistos e interpretados por él desde su propia hermenéutica intelectual. Seria injusto y pedestre catalogar a esta película como una historia insustancial e intrascendente, es sin embargo una excelente recreación de un segmento social de una época, es una historia bien contada que utiliza intertextos de sutil y eficaz agudeza psicológica y social.

La fotografía de Luis Najmias, la Dirección de arte de Onelio Sarralde, el montaje de Lester Hamlet y el adecuado tratamiento del sonido realizado por Agost Alustiza Lasa,implican una realización de exquisita factura cinematográfica que corresponden a la genuina estética visual del realizador Pavel Giroud.

Omertá apuesta en ser nominada a los primeros premios en especialidades y en ser la película, dentro de su género, la más popular de la 30 edición del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de la Habana, sólo el tiempo nos dirá la última palabra.

GRANMA fustiga a OMERTA

Me niego a publicar solo las loas a mi trabajo. Aquí tienen la crítica publicada en el periódico Granma sobre mi mas reciente estreno, OMERTA

ROLANDO PÉREZ BETANCOURT
rolando.pb@granma.cip.cu

Cuando transcurrido un tiempo prudencial el espectador nota que no ha podido conectarse debidamente con el tono en que pretenden contarle (¿drama? ¿comedia?, ¿sátira?, ¿acaso una mezcla de todo?), entonces es que algo extraño está sucediendo.

Y ese algo poco halagüeño marca a Omerta, la última entrega de Pavel Giroud, quien tan buenos augurios desplegara con sus dos primeras ofertas en pantalla grande, la última de ellas, La edad de la peseta.

Concebida bajo una óptica de historia de gánster crepuscular “a la cubana” y con una trama tan endeble y hasta reiterativa en su esencia criminal que necesitaba de un extra en el tratamiento artístico para sustentarse, Omerta no pasa de ser un propósito simpático lastrado por una combinación de factores endebles.

El regodeo con la cámara y las luces, los rebuscados planos, el montaje dinámico hacia los finales tratando de imprimir una artificial connotación de thriller, no bastan para que esta historia ubicada a principios de la Revolución, tras el degüello de los casinos y la fuga de los mafiosos estadounidenses, fluya y se sienta creíble.

El cuento del tipo duro que pierde facultades con los años, que se resiste al retiro y prepara un “último golpe” ha sido llevado no pocas veces a las pantallas; recordar solo aquella pequeña joya de Louis Malle del año 1980, Atlantic City, con dos envejecidos Burt Lancaster Y Kirk Douglas.

A Rolo Santos, ex guardaespaldas de un importante mafioso, masticador de vidrios y apegado al gatillo fácil, le falta profundidad de carácter y matices psicológicos en su concepción literaria como para que ese buen actor que es Manuel Porto pueda sacarlo adelante en un guión en el que florecen las imperfecciones. Lo mismo sucede con algunos otros personajes, en especial los dos delincuentes de poca monta enrolados en esa Omerta, ley del silencio que se cobra con la muerte y que en el filme no pasa de ser un recurso de subrayado tremendismo final.

Los diálogos y las acciones que tienen lugar en el caserón donde se busca el gran tesoro están necesitados de una mayor verosimilitud y hasta de gracia allí donde se adivina la intencionalidad de la nota desenfadada. Y el cierre resulta demasiado deudor de muchas películas de Hollywood, y no exactamente como guiño reverencial al género.

El cine negro, se asuma en serio o con pespuntes de ironía, requiere de un fino bordado para convencer a un tipo de espectador que ha envejecido viéndolo y de él sabe desde la A hasta la Z.

Las vías para transitarlo con éxito tienen sus fórmulas, abiertas siempre a los aportes renovadores, una combinación entre lo viejo y lo nuevo a la que Omerta poco aporta.