Crítica: La edad de la peseta: sencilla y profunda producción cubana

María Cristina / Especial para En Rojo   
El gran atractivo del filme cubano La edad de la peseta es precisamente que no trata de parecerse a ese otro cine, ya sea el “mainstream” o el que se mercadea como cubano en Europa y otros lugares del mundo. 

Recientemente releí el ensayo de Teshome Gabriel, “Towards a Critical Theory of Third World Films” publicado originalmente en 1989. Su tesis principal es que lo que define al cine del entonces llamado Tercer Mundo (hoy países en desarrollo) es su manejo del tiempo y el espacio. Mientras el cine comercial tiende a enfatizar el tiempo, este otro cine recrea múltiples conceptos de espacio. Esto se logra con el plano general, el corte transversal, el plano detalle, las vistas panorámicas y el concepto del silencio. El gran atractivo del filme cubano La edad de la peseta es precisamente que no trata de parecerse a ese otro cine, ya sea el “mainstream” o el que se mercadea como cubano en Europa y otros lugares del mundo: movimiento rápido de sus actores, diálogos  continuos, disputas incesantes entre muchos en tono candente y vocabulario cortante, desnudos de mujeres– especialmente de mulatas-, movimiento incesante de cuerpos ya sea en el baile, el caminar o teniendo sexo y colorido intenso.

El tempo lento, casi detenido, la humedad del ambiente y la inserción de la radio como elemento influyente en las vidas de los personajes de este filme me recordó la excelente adaptación de la novela de Clarice Lispector, La hora de la estrella, dirigida por la brasileña Suzana Amaral. En La edad de la peseta el niño de diez años que juega entre la niñez y la adolescencia es nuestro guía en un mundo que para él es nuevo, confuso, frustrante y lleno de experiencias enriquecedoras. A través de él conocemos no solamente a la madre divorciada, la abuela intransigente y cascarrabias, la mujer de sus sueños sino también una Cuba a punto de cambiar irreversiblemente.

En este año de 1958, Samuel y Alicia llegan a la casona habanera de la abuela. La bienvenida es muy fría y todo parece estar prohibido dentro de esta casa tan ajena. La escuela de curas es un lugar de rivalidades y alianzas temporeras. Los personajes se emplean tomando y retocando fotos, mecanografiando (como en La hora de la estrella), vendiendo zapatos y otros quehaceres que le permiten proveerse lo necesario en tiempos turbulentos que todos parecen tratar de ignorar, o desmentir o falsear. Para Alicia, con su impecable vestir de mujer seductora, ir a entrevistas para conseguir empleo, ir al cine para llorar con un dramón, tomar un trago para olvidar sus penas y frustraciones, lo importante es conseguir una seguridad emocional y económica. Para conseguirlo jugará su baraja de “damsel in distress” y así asegurarse un buen matrimonio. Para Samuel, con sus silencios y figura casi borrosa, la casa de la abuela es el laberinto que se empeña en explorar con sus altares de santos y cuartos vedados. Para la abuela es un desafío el convivir con su hija nuevamente y lidiar con un niño grande que apenas conoce.

El filme tiene una impecable ambientación con el Radio Reloj que da la hora, las noticias del momento que deciden informar, la música popular, los anuncios y sus jingles. A esto se les añade los diseños arquitectónicos de exteriores e interiores de edificios y casas, los autos casi de showroom que transitan por las calles de La Habana y el vestuario tanto femenino como masculino con todos sus detalles. Ésta es La Habana de Jesús Díaz en Los años duros y de Mayra Montero en Son de Almendra. Y aunque el pietaje que aparece al principio del filme de una entrevista con Fidel hablando en inglés en la Sierra Maestra parece muy distante de la cotidianidad de la historia es indicio de la turbulencia que se conoce pero se ignora por una gran parte de la población. Son estos mismos ciudadanos comunes los que se unirán a los miles que recibirán a Fidel y los Barbudos en su entrada a La Habana el 1ero de enero de 1959.

Sin duda el personaje de la abuela es central a toda la historia pero no como protagonista sino como facilitadora para Samuel en esta etapa pre-adulta, consejera y confidente de vecinas y conocidos, tejedora de sueños a través de sus fotos, preservadora de una historia cambiante en el exterior pero sólida y estable en el interior. Su aparente rigidez– frente a la flexibilidad de Alicia que puede ir de relación en relación– es el ancla que Samuel necesita en esta etapa de cambio de vivienda y escuela. De no permitir que Samuel invada ni una pulgada de su privacidad a convertirlo en su asistente es la evolución emocional y física de una abuela y un nieto. Es un enlace que nunca se romperá no importa la lejanía ni la superación de la edad de la peseta. 

La escritora cubana radicada en los Estados Unidos, Cristina García, también dramatiza en su novela Dreaming in Cuban ese lazo entre estas dos generaciones en la historia de Pilar y su abuela Celia. Alicia, por su parte, parece estar flotando entre relaciones y lo apuesta todo– especialmente ese cuerpo y esa cara que cuida demasiado– para conseguir el hombre que le traiga estabilidad y seguridad a su familia. Alicia se presenta desde el principio como una madre muy afectuosa pero más que nada la vemos como una Emma Bovary que cree que cada hombre que conoce será su salvación de una vida de soledad y aburrimiento.

La edad de la peseta también presenta cómo la familia decide separarse porque unos prefieren irse a los Estados Unidos que estar bajo el tutelaje soviético y otros se quedan porque Cuba es su hogar no importa qué. La despedida parece marcar una separación breve, máximo de tres a seis meses, y por eso la partida no es desgarradora pero sí dolorosa. Las noticias de la Revolución que se acerca se recogen en algunas transmisiones de radio de onda corta, comentarios, rumores, conversaciones inconclusas y hojas sueltas en la calle. A los diez años se escuchan muchas cosas pero lo que más le afecta es el ver cómo la mujer de sus sueños se disuelve en los brazos de un Barbudo.

Y mientras vemos el auto que lentamente lleva a Samuel, Alicia y su nuevo esposo a la embarcación que los llevará a la costa de los Estados Unidos, queda en nuestra memoria Fidel hablando en inglés, los Barbudos entrando a La Habana y una mujer que queda en la casa de su pasado que transforma en presente como miembro de una comunidad dispuesta a incorporarse a los cambios que se avecinan.

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